¿Un mensaje de Duque al vestir la chaqueta de la Policía?

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Qué mensaje le llegó al país cuando tiene la lupa puesta sobre esta institución. Análisis.

Por: EL TIEMPO

Los primeros en enterarse fueron los miembros de su esquema de seguridad. “Vamos a ir a ver los CAI”, les dijo el presidente Iván Duque en la noche del martes. A esa hora, buena parte del equipo de funcionarios de la Casa de Nariño que le hablan al oído ya habían terminado la jornada.

Hassan Nassar, alto consejero de Comunicaciones de Palacio, estaba llegando a su casa cuando se enteró. “Fue tan espontánea y natural su decisión que a mí no me sorprendió”, dice.

Sin embargo, hay voces que al ver al Presidente con una chaqueta de la Policía frente a un CAI interpretaron la intencionalidad de enviar un mensaje directo en momentos en que varios miembros de la institución son vistos con lupa luego de la tortura y asesinato del abogado y taxista Javier Ordóñez y, horas después, el uso de sus armas de fuego en contra de manifestantes.

Según informó el director de la Policía, el general Óscar Atehortúa, hasta ahora ya van 77 investigaciones contra 101 policías por disparos en protestas, de los cuales 10 ya fueron suspendidos. Es difícil hallar en la historia reciente una situación tan grave para esta institución.

Sin embargo, Duque no ha vacilado un segundo en mostrar su respaldo con una imagen que vale más que mil palabras.

No es la primera vez. A finales del año pasado, cuando aún se escuchaba diáfano el eco de las cacerolas en las protestas del paro nacional y había una agria discusión entre defensores del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) y quienes exigían su disolución alegando que el crimen del joven manifestante de 18 años Dilan Cruz era la gota que había rebosado la copa, el Presidente fue a darles su voz de aliento.

Aquel domingo decembrino, Duque se levantó temprano y ante varios miembros del Esmad que estaban enfundados en sus oscuros y brillantes trajes de protección especial les dijo:

“Como Presidente, me siento muy orgulloso por todo lo que hacen por este país. Gracias por su entrega, por su sacrificio, también por el sacrificio de sus familias. Mi cariño, mi respeto y admiración, y quiero darles las gracias por ser policías de Colombia”.

Nassar sostiene que el Presidente entiende el drama de las víctimas, pero que también quiere dejar en claro su espaldarazo a las instituciones del país.

El funcionario dice que en ambos casos, el jefe del Estado lamentó “profundamente” las pérdidas de vidas humanas, pero que él también es firme en la defensa de las entidades que conforman el organigrama del Estado.

“¿Cuántos policías hay en Colombia? ¿Cuántos años tiene la Policía Nacional?”, pregunta Nassar. “Son unas 150.000 personas con casi 130 años de historia”, responde. “¿Entonces vamos a responsabilizar a todos ellos por las muy graves acciones de un puñado? No. Y en eso el Presidente es categórico”.

Daniel Mejía Londoño, analista e investigador de la Universidad de los Andes, está en esta orilla y explica que la imagen del Presidente con la chaqueta de policía la ve “como un mensaje de respaldo a la institución”.

“En lo personal, no me parece contradictorio rechazar de manera contundente los abusos y uso excesivo de fuerza policial, y pedir que los responsables respondan ante las autoridades”, dice Mejía.

“Se respalda y rodea a la institución y se envía un mensaje de unidad”, argumenta este analista, quien conoce a fondo las relaciones de la policía con la comunidad, pues fue secretario de Seguridad de la alcaldía durante la administración de Enrique Peñalosa.

Nassar aclara, sin embargo, que en el caso de las imágenes en las que el Presidente tiene la chaqueta de policía no hubo el propósito de llevar un mensaje de la dimensión que alcanzó. “Por eso no había fotógrafos, no se iba a publicar, pero terminaron conociéndose”, argumenta.

De cualquier manera, el impacto visual puede leerse como algo más que un simple estímulo en momentos en que los vándalos destruyeron a piedra y fuego 62 CAI e hirieron a 93 uniformados, entre ellos una joven agente que fue golpeada brutalmente a patadas por encapuchados.

“En Colombia será difícil reformar la fuerza de policía hasta tanto el presidente Iván Duque así lo reconozca, pues el mandatario está muy reacio y él la defiende”, escribió la influyente The Economist, en un análisis posterior a las fotografías. 

Como desliza la revista británica, hay varios sectores que creen que con esta decisión el Presidente priorizó como “más grave” los ataques con piedra a unos CAI y los incendios y daños a bienes públicos que “el asesinato por obra de la policía de 14 personas, en su mayoría jóvenes que protestaban en Bogotá este 9 de septiembre”.

“Centenares de heridos y decenas de muertos como resultado de la brutalidad de agentes del Estado son el hecho notorio y síntoma de la degradación de políticas mal llamadas de seguridad ciudadana”, dice un análisis del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz).

Su director, el exministro de Salud Camilo González Posso, dice que “la conducta del presidente Duque de respaldo incondicional y bajo cualquier situación a la actuación de militares y policías en la respuesta agresiva a la protesta social es un incumplimiento de su obligación constitucional de garantizar el uso de la fuerza del Estado bajo el imperio de la ley y el respeto a los derechos ciudadanos”.

Para él, Duque se hace retratar con policías y soldados dando respaldo al uso de armas de fuego o de armas supuestamente no fatales, pero que matan si se usan deliberadamente para hacer daño permanente. “En cambio, no ha ido a un solo entierro de las decenas de jóvenes asesinados por miembros de la Fuerza Pública este año en medio de protestas”.

Nassar dice que nada más equivocado pensar que a Duque no le duelen las víctimas. “El Presidente está muy afectado por lo que ocurrió en Bogotá. Él llamó a varias de las familias de los muchachos muertos, pero no lo hace público porque no va a sacar réditos políticos de ese dolor”.

El analista Luis Sandoval cree que con este gesto del Presidente abre otros frentes de discusión, cuando una de sus tareas debería ser buscar la disminución de la pugnacidad que vive hoy Colombia.

“El país necesita bajarles a los niveles de confrontación y violencia en todos los órdenes”, dice Sandoval.

“El Gobierno y el Presidente deberían ser los primeros en entenderlo así. Sin embargo, ocurre lo contrario: parece seguir una línea de dureza en todos los campos que da la impresión de que no quiere el apaciguamiento. Visitar al Esmad y a los CAI se siente como respaldando y autorizando a los que abusan de la fuerza”, argumenta.

Precisamente, una de las frases más sonoras del Presidente en los dos años de gestión fue cuando se le preguntó acerca de por qué de su silencio ante la muerte de siete niños que habían sido reclutados a la fuerza por Gildardo, alias Cucho, uno de los comandantes que se armó presuntamente con ‘Iván Márquez’ después de la firma del acuerdo de paz, y que cayeron ante un bombardeo del Ejército.

Un reportero se le cruzó para preguntarle qué pensaba de eso y él respondió:
“¿De qué me hablas, viejo?”. 

Los primeros en enterarse fueron los miembros de su esquema de seguridad. “Vamos a ir a ver los CAI”, les dijo el presidente Iván Duque en la noche del martes. A esa hora, buena parte del equipo de funcionarios de la Casa de Nariño que le hablan al oído ya habían terminado la jornada.

Hassan Nassar, alto consejero de Comunicaciones de Palacio, estaba llegando a su casa cuando se enteró. “Fue tan espontánea y natural su decisión que a mí no me sorprendió”, dice.

Sin embargo, hay voces que al ver al Presidente con una chaqueta de la Policía frente a un CAI interpretaron la intencionalidad de enviar un mensaje directo en momentos en que varios miembros de la institución son vistos con lupa luego de la tortura y asesinato del abogado y taxista Javier Ordóñez y, horas después, el uso de sus armas de fuego en contra de manifestantes.

Según informó el director de la Policía, el general Óscar Atehortúa, hasta ahora ya van 77 investigaciones contra 101 policías por disparos en protestas, de los cuales 10 ya fueron suspendidos. Es difícil hallar en la historia reciente una situación tan grave para esta institución.

Sin embargo, Duque no ha vacilado un segundo en mostrar su respaldo con una imagen que vale más que mil palabras.

No es la primera vez. A finales del año pasado, cuando aún se escuchaba diáfano el eco de las cacerolas en las protestas del paro nacional y había una agria discusión entre defensores del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) y quienes exigían su disolución alegando que el crimen del joven manifestante de 18 años Dilan Cruz era la gota que había rebosado la copa, el Presidente fue a darles su voz de aliento.

Aquel domingo decembrino, Duque se levantó temprano y ante varios miembros del Esmad que estaban enfundados en sus oscuros y brillantes trajes de protección especial les dijo:

“Como Presidente, me siento muy orgulloso por todo lo que hacen por este país. Gracias por su entrega, por su sacrificio, también por el sacrificio de sus familias. Mi cariño, mi respeto y admiración, y quiero darles las gracias por ser policías de Colombia”.

Como Presidente, me siento muy orgulloso por todo lo que hacen por este país

Nassar sostiene que el Presidente entiende el drama de las víctimas, pero que también quiere dejar en claro su espaldarazo a las instituciones del país.

El funcionario dice que en ambos casos, el jefe del Estado lamentó “profundamente” las pérdidas de vidas humanas, pero que él también es firme en la defensa de las entidades que conforman el organigrama del Estado.

“¿Cuántos policías hay en Colombia? ¿Cuántos años tiene la Policía Nacional?”, pregunta Nassar. “Son unas 150.000 personas con casi 130 años de historia”, responde. “¿Entonces vamos a responsabilizar a todos ellos por las muy graves acciones de un puñado? No. Y en eso el Presidente es categórico”.

Daniel Mejía Londoño, analista e investigador de la Universidad de los Andes, está en esta orilla y explica que la imagen del Presidente con la chaqueta de policía la ve “como un mensaje de respaldo a la institución”.

“En lo personal, no me parece contradictorio rechazar de manera contundente los abusos y uso excesivo de fuerza policial, y pedir que los responsables respondan ante las autoridades”, dice Mejía.

“Se respalda y rodea a la institución y se envía un mensaje de unidad”, argumenta este analista, quien conoce a fondo las relaciones de la policía con la comunidad, pues fue secretario de Seguridad de la alcaldía durante la administración de Enrique Peñalosa.

Nassar aclara, sin embargo, que en el caso de las imágenes en las que el Presidente tiene la chaqueta de policía no hubo el propósito de llevar un mensaje de la dimensión que alcanzó. “Por eso no había fotógrafos, no se iba a publicar, pero terminaron conociéndose”, argumenta.

De cualquier manera, el impacto visual puede leerse como algo más que un simple estímulo en momentos en que los vándalos destruyeron a piedra y fuego 62 CAI e hirieron a 93 uniformados, entre ellos una joven agente que fue golpeada brutalmente a patadas por encapuchados.

“En Colombia será difícil reformar la fuerza de policía hasta tanto el presidente Iván Duque así lo reconozca, pues el mandatario está muy reacio y él la defiende”, escribió la influyente The Economist, en un análisis posterior a las fotografías. 

Como desliza la revista británica, hay varios sectores que creen que con esta decisión el Presidente priorizó como “más grave” los ataques con piedra a unos CAI y los incendios y daños a bienes públicos que “el asesinato por obra de la policía de 14 personas, en su mayoría jóvenes que protestaban en Bogotá este 9 de septiembre”.

“Centenares de heridos y decenas de muertos como resultado de la brutalidad de agentes del Estado son el hecho notorio y síntoma de la degradación de políticas mal llamadas de seguridad ciudadana”, dice un análisis del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz).

Su director, el exministro de Salud Camilo González Posso, dice que “la conducta del presidente Duque de respaldo incondicional y bajo cualquier situación a la actuación de militares y policías en la respuesta agresiva a la protesta social es un incumplimiento de su obligación constitucional de garantizar el uso de la fuerza del Estado bajo el imperio de la ley y el respeto a los derechos ciudadanos”.

Para él, Duque se hace retratar con policías y soldados dando respaldo al uso de armas de fuego o de armas supuestamente no fatales, pero que matan si se usan deliberadamente para hacer daño permanente. “En cambio, no ha ido a un solo entierro de las decenas de jóvenes asesinados por miembros de la Fuerza Pública este año en medio de protestas”.

Nassar dice que nada más equivocado pensar que a Duque no le duelen las víctimas. “El Presidente está muy afectado por lo que ocurrió en Bogotá. Él llamó a varias de las familias de los muchachos muertos, pero no lo hace público porque no va a sacar réditos políticos de ese dolor”.

El analista Luis Sandoval cree que con este gesto del Presidente abre otros frentes de discusión, cuando una de sus tareas debería ser buscar la disminución de la pugnacidad que vive hoy Colombia.

“El país necesita bajarles a los niveles de confrontación y violencia en todos los órdenes”, dice Sandoval.

“El Gobierno y el Presidente deberían ser los primeros en entenderlo así. Sin embargo, ocurre lo contrario: parece seguir una línea de dureza en todos los campos que da la impresión de que no quiere el apaciguamiento. Visitar al Esmad y a los CAI se siente como respaldando y autorizando a los que abusan de la fuerza”, argumenta.

Precisamente, una de las frases más sonoras del Presidente en los dos años de gestión fue cuando se le preguntó acerca de por qué de su silencio ante la muerte de siete niños que habían sido reclutados a la fuerza por Gildardo, alias Cucho, uno de los comandantes que se armó presuntamente con ‘Iván Márquez’ después de la firma del acuerdo de paz, y que cayeron ante un bombardeo del Ejército.

Un reportero se le cruzó para preguntarle qué pensaba de eso y él respondió:
“¿De qué me hablas, viejo?”. 

En este caso, responden en la Casa de Nariño, hay una lectura incompleta de parte de algunos sectores que no ven todo el contexto o sencillamente sacan los fragmentos del intenso trabajo que tiene el Presidente.

En Palacio ponen de ejemplo el caso del asesinado Ordóñez. “El Gobierno Nacional, en boca de su ministro de Defensa y del director de la Policía, pidió perdón en público y con prontitud”. Y, reiteran, el Presidente, entre tanto, les ha exigido —como es su deber— a las autoridades aclarar y castigar a los responsables. Los agentes, insisten, que se vieron en el video usar el taser ya están respondiendo ante la justicia, como debe operar un sistema democrático.

La cuestión pasa, probablemente, en la visibilización que adquieren unas acciones del Presidente que de acuerdo a la ideología de los ciudadanos las avala y le hace de lo que le conviene. En la Casa de Nariño, reiteran, Duque es el Presidente de todos los colombianos y “no de unos pocos con un claro interés político”.

Óscar Useche es un profesor de la Universidad Minuto de Dios y él dice que como ciudadano recibe con inquietud lo que dice el Presidente. “El mensaje del presidente Duque es el de procurar resarcir la legitimidad de la institución policial, que quedó seriamente dañada con los hechos de la semana pasada”, entiende.

Pero “usar los símbolos de una policía cuestionada, sin antes pedir perdón a las víctimas de las acciones violentas de la policía y tampoco anunciar la disposición a estudiar una posible reforma institucional de envergadura puede ser un gesto arriesgado que dañe su imagen inicial de ser un hombre abierto al diálogo”.

Por eso, le dice al jefe del Estado: “Los ciudadanos, en la lucha contra el terrorismo y el vandalismo lo apoyamos, pero al mismo tiempo reclamamos una seguridad que no sea solo la seguridad para el Estado, sino la seguridad para la gente”.

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