reactivación cafetera

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A pesar de los logros obtenidos por el Programa de Reactivación Cafetera (PRC), diseñado hace dos años para enfrentar los estragos ocasionados por el fenómeno de El Niño, la iniciativa  presenta graves falencias.

Una auditoría financiera, realizada por la Contraloría General de la República, puso en evidencia, la improvisación, la ausencia de parámetros para medir el impacto y la inequidad a la hora de asignar y distribuir los subsidios.

La iniciativa gubernamental fue implementada en el 2016 como una medida para mitigar los efectos adversos en producción del grano. Ahora, cuando se advierte impredecibles variaciones agroclimáticas, las deficiencias persisten.

 

Según el Centro Nacional de Investigaciones del Café (Cenicafe), el fenómeno de El Niño afectó a 481 municipios cafeteros del país, 563 mil fincas y 693 mil hectáreas de las 930 mil hectáreas del parque cafetero donde se cultivan cerca de cinco millones de cargas.

La afectación incluyó cultivos tecnificados jóvenes que representaban el 82% del área sembrada nacional.

En el Huila, según el estudio de Cenicafé, la afectación fue del 18,6%, en 19 municipios. Abarcó 29.354 hectáreas donde se producen 494.264 cargas. El volumen estimado de afectación corresponde a 36.867 cargas. La sequía afectó el 18,6 % de la zona cafetera huilense.

El parque cafetero fue afectado severamente por la variabilidad climática que determinó condiciones extremas de baja precipitación y alto brillo solar, lo que generó una fuerte sequía.  El déficit hídrico impactó duramente la cosecha cafetera y originó medidas de choque. El Huila, primer productor nacional del grano, fue uno de los grandes beneficiados.

La estrategia

El programa contemplaba el otorgamiento de subsidios para la recuperación y la reactivación de los cafetales impactados por el fenómeno climático que se reflejó en la reducción de la producción, en la menor calidad del grano y la disminución de los ingresos de los cultivadores.

El proyecto de reactivación sirvió además para intensificar la renovación de los cafetales (reemplazar árboles viejos por nuevos, más resistentes)

El Ministerio de Agricultura aportó 10.000 millones, otros 30.000 millones los aportó la Federación Nacional de Cafeteros. Sin embargo, resultaron insuficientes.

Los recursos se destinaron sólo a los municipios cafeteros con declaratoria de calamidad, sin dimensionar los grados de vulnerabilidad ni considerar estrictamente la ‘regla de oro’  según la producción y fincas cafeteras.

La ejecución estaba sujeta a la disponibilidad de los recursos presupuestales asignados a cada municipio productor a través de los comités de cafeteros, sin dimensionar niveles de pobreza ni el impacto de la afectación.

Inequidad

La distribución de los recursos por concepto de subsidios fue inequitativa. El 67,4% de los recursos fueron asignados en cinco regiones del país, donde el Huila ocupa el primer lugar (17,3%), seguido de Antioquia (16.4%), Caldas (14%),  Tolima (12.2%) y Risaralda (7,5%).

En el Huila, que conserva desde hace diez años el primer lugar en producción cafetera, el mayor porcentaje de los subsidios se otorgó a los pequeños productores (14.6%).

Otros departamentos como Valle, Cauca, Nariño, Santander y Cundinamarca recibieron entre el 6 y el 3% de las ayudas.

A nivel nacional, los subsidios en especie beneficiaron especialmente a pequeños cultivadores (63,3%), el 12,2% a medianos productores y el 24,5% a los grandes cafeteros.

Las ayudas llegaron a 523 municipios de 15 departamentos. Los municipios más pobres fueron los más beneficiados. Se atendió el 27,1% del área sembrada en café. En cambio, fueron los que recibieron los montos más bajos en materia de subsidios.

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