La depresión, la segunda pandemia

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Por María Alejandra Manrique

Los números son alarmantes y cada día van en aumento los casos de la que podemos denominar la segunda pandemia; si bien la depresión ya era un tema de discusión y de análisis para muchos; con la llegada del Covid-19 se exacerbó y puso de manifiesto una realidad hoy en día más visible. Según la organización mundial de la Salud la depresión es la causa número uno de discapacidad a nivel mundial y será el principal problema de salud en 2050.

La OMS también señala que esta enfermedad “puede convertirse en un problema de salud serio” y puede causar gran sufrimiento alterando las actividades laborales, escolares y familiares y en el peor de los casos puede llevar al suicidio.

Pero ¿qué es en realidad la depresión? Según “American Psychological Association” la depresión consiste en una profunda tristeza o desesperación cuya duración se extiende más allá de unos pocos días, e interfiere con las actividades de la vida cotidiana, e incluso provoca dolores físicos.

Aunque la depresión afecta a diferentes personas en formas diversas, la mayoría experimenta alguna combinación de síntomas como: Tristeza prolongada o sensación de vacío, sentimientos de desesperanza, culpabilidad o enojo, e irritabilidad, cambios en los patrones del sueño entre otros tantos que puede llevar a tomar decisiones radicales.

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Las enfermedades de salud mental muchas veces se subestiman, pues suelen ser silenciosas, y en muchos casos se disfrazan en comportamientos totalmente opuesto a los síntomas.

La depresión puede ser tratada y ser vista de diferentes maneras dependiendo de los tipos de sociedades en que se presenta. Es claro que en países con niveles de desarrollo más altos donde se estiman inversiones sustanciales en programa de salud mental esta enfermedad suele ser controlada idóneamente y ser vista con enfoque más clínico.

En el caso de América latina, y centrándonos en nuestro país; en Colombia a los trastornos mentales no se le atribuye la misma importancia que a la salud física, por el contrario, la salud mental ha sido objeto de abandono e indiferencia. Hasta ahora, y gracias a la digitalización, y con ello la divulgación de contenidos donde no se estigmatiza esta enfermedad, nuestra sociedad está poniendo los ojos en temas que antes eran visto con ignorancia.

Aunque hemos ido avanzando, desafortunadamente muchas personas siguen convencidas que la depresión no es más que debilidad de carácter y que puede escaparse de control, considerando que para superarla basta con dar palabras de ánimo, generado estrés, frustración y en muchas ocasiones renuncia a pedir apoyo profesional y familiar.

Según otros estudios en sociedades como las nuestras donde le machismo aún es latente, en el caso de los hombres se vuelve todavía más difícil reconocer los síntomas de la depresión pues los estereotipos aún tan arraigados en nuestra cultura dónde se percibe a la masculinidad como sinónimo de fuerza, y en que se tiene como referente el tan popular refrán “los hombres no lloran” se minimiza la enfermedad y se trata de ocultar trayendo consecuencias devastadoras.

Finalmente, no importa desde que género sea vista la depresión, no hay que olvidar que es una enfermedad y no es un juego, y tratarla es salvar vidas.

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