En la Champions las cuatro series están abiertas

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Con aporte de agencia

Pasaron los partidos de ida de cuartos de final en la UEFA Champions League y la misma sensación atraviesa todos los duelos: ninguno sacó ventaja decisiva, serán series cerradas hasta el final y es muy difícil hacer pronósticos.

Ni siquiera en los cruces en los que parecía haber favoritos de antemano quedaron las cosas claras, porque Bayern Munich apenas ganó por la mínima de local y Real Madrid fue el que peor resultado sacó.

¿Y entonces? Pues habrá que esperar a la semana que viene, lo cual siempre es bueno en función de generar partidos más abiertos y emocionantes. Eso sí, para varios los partidos de vuelta empiezan el fin de semana…

Bayer no supo aprovechar

El partido apenas había empezado y ya estaba como el Bayern Munich lo había soñado: con el gol del chileno Vidal se ponía un gol arriba, lo que no solamente le quitaba la presión como local por ir a buscar el resultado, sino que además le permitía manejar los tiempos y la pelota.

Y sin embargo, ahí se terminó todo, al menos en lo que hace al resultado. Los de Guardiola tuvieron oportunidades de aumentar, pero Benfica no se quedó atrás y contó con cuatro o cinco chances como para igualar. Lo cual abre un interrogante para la vuelta.

Es que más allá de que haber ganado sin que le marquen puede ser crucial la semana que viene, el Bayern debería preocuparse por un adversario de cuidado, que demostró que tiene velocidad como para lastimarlo. En un buen día, Benfica puede ganarle y dejarlo afuera sin que eso sea tan sorprendente.

En Munich, el Bayern se fue apagando de a poco y no tuvo sorpresa. Puede haber sido un calco y una premonición de cómo puede terminar el ciclo Guardiola, en el que fue un equipo que se cansó de ganar en casa, pero al que siempre le faltó esa cuota extra de creatividad para consagrarse en Europa.

Como si el estilo de juego que le quiso imponer su técnico nunca hubiera terminado de arraigarse y, sumado a haber jugado siempre demasiado, el equipo estuviera en piloto automático, dependiendo de la inspiración de sus figuras pero sin lograr ese plus colectivo que hace la diferencia.

Dos paridos en uno

En Barcelona hubo un punto de quiebre que fue claramente la expulsión de Torres. Hasta entonces, el local la pasaba mal y parecía destinado a sufrir otro disgusto ante un equipo de la capital, tal como le había sucedido el sábado en el Clásico.

Atlético Madrid había conseguido imponerse en el duelo táctico, prestándole la pelota a un local que no lastimaba, contenido por un esquema en el que entre dos líneas de cuatro, circulaba un volante central y, apenas más adelante, se paraba el Niño Torres como único delantero.

Con ese planteo le alcanzaba a los de Simeone para tener el partido bajo control e incluso ponerse en ventaja. Porque el Atleti tiene la misma agresividad para marcar y recuperar que para lanzarse al ataque, y entonces, cuando lo hace, no llegan jugadores aislados sino cinco o seis actuando como conjunto, y convencidos de que cada chance hay que aprovecharla al máximo.

El problema es que, al quedarse con diez, se le fue derrumbando ese edificio defensivo que tan bien construye. Entre otras cosas, porque el Barcelona empezó a aprovechar mejor los espacios, que aunque reducidos, se fueron agrandando con el correr de los minutos. Y así sacó un resultado que, en el peor momento del partido, ni cerca estaba de imaginar

Cuidado que no estamos cuestionando la expulsión, que fue merecida. Los mismos futbolistas, cuando vemos más tarde y más tranquilos acciones como la de Torres, nos preguntamos por qué reaccionamos así. En todo caso hay que entender que ese estilo tan agresivo en la presión y la marca pone a los jugadores muchas veces al límite y hace que se cometan este tipo de infracciones.

Lo que sí decimos es que nos hubiera gustado ver qué sucedía si el partido seguía con el Atlético Madrid en ventaja y 11 contra 11, ya que seguramente le hubiera costado mucho más al Barcelona quebrar el cerco.

En todo caso, ese será el duelo que veamos la semana que viene en el Calderón. Porque Simeone sabe que una victoria 1-0 le alcanza, y tendrá tiempo de sobra para trabajar el partido en busca de esa mínima diferencia. Como decíamos arriba, sus jugadores saben que no necesitan demasiadas oportunidades para sacar provecho, y si logran pasar al frente temprano, pondrán al Barcelona otra vez en un aprieto.

Real Madrid fue una sombra

Lo que dijimos sobre el Clásico del sábado y el Barcelona aplica perfectamente al Real Madrid el miércoles en Alemania: fue un equipo sin frescura, totalmente previsible.

Es muy probable que haya pagado el desgaste físico y mental que hizo en el Camp Nou, porque ante Wolfsburgo, salvo por unos primeros minutos en que dominó pero sin demasiada claridad, le faltó esa dosis de improvisación que abre huecos, esa décima de segundo de pensar más rápido para imponerse en los duelos individuales.

Así, como le ha pasado otras veces, se encontró muy incómodo ante la falta de espacios para la velocidad de sus delanteros. Y habrá que ver además si Benzema se recupera a tiempo para la vuelta.

Enfrente tuvo a un equipo que fue aprovechando sus momentos. Empezó con un penal extraño (aunque dio la sensación de que Casemiro desestabilizó a Schurrle en su carrera) y después generó un muy buen movimiento ofensivo en el que encontró a los centrales del Madrid cruzados de posición.

Tuvo más chances el Wolfsburgo pero también el Madrid, pese a esa falta de repentización que lo hizo verse demasiado lógico, muy poco espontáneo. Y quedó planteado un escenario muy interesante para la semana que viene.

Con sus dos goles de ventaja, el Wolfsburgo no se va a regalar. Pero tampoco esperen que traicione la esencia alemana, esa que seguramente lo impulse a buscar, a no perder tiempo, a no especular.

D otro lado, un Real Madrid acostumbrado a las hazañas estará en una situación similar: no le queda otra que ir a buscar esos dos goles que hoy le faltan para seguir soñando, pero teniendo muy claro que una anotación de su rival lo obligará a marcar cuatro.

Pellegrini, ante su gran disyuntiva

El partido entre los dos nuevos millonarios de Europa terminó en un atractivo empate 2-2, un resultado que se festejó mucho más en Manchester que en París. Por cómo llegaba cada uno, por el desarrollo y también por cómo queda planteada la vuelta.

En un momento del encuentro, PSG triplicaba la cantidad de pases de Manchester City. Pero nunca fue capaz de trasladar ese dominio en la posesión al control del partido. Se lo vio incómodo frente a un equipo que primero le hizo frente pero que luego eligió esperarlo para llevarse un resultado favorable. Tuvo prácticamente a todos sus titulares ante un rival con bajas de renombre, como Touré y Kompany, pero eso nunca se notó.

El PSG no pudo hacer lo que debe conseguir la semana que viene: subir otro nivel, algo complicado cuando uno domina con tanta comodidad su competencia local. Y cuidado que en Manchester las bajas estarán de su lado, con Matuidi y David Luiz no disponibles.

Seguramente Blanc elija cuidar al resto de sus titulares el fin de semana. Lo cual nos lleva al dilema que se le plantea a Pellegrini: ¿qué hará el sábado en la Premier?

Poner a los suplentes puede significar despedirse no ya del título, algo que a esta altura es casi utópico, sino perder terreno en la lucha por clasificar a la próxima Champions. Algo que para el club es muy importante, pero no para Pellegrini, que no seguirá al frente del equipo.

Pero arriesgar y agotar a los titulares puede tener una consecuencia peor: no tener a todos al 100 por 100 el martes. Sí, el martes, porque por esos caprichos de la UEFA la fecha de las revanchas se invierte. Entonces, cuatro equipos juegan tres partidos en seis días, mientras que los otros cuatro juegan tres pero en ocho.

Así cerramos, volviendo al principio: la suerte de muchos se comienza a echar el fin de semana, dependiendo de las decisiones que tomen sobre cómo enfrentar los compromisos de liga.

Otro factor para volver todavía más atractivos cuatro partidos en los que todo puede pasar.

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