El hambre, la otra amenaza de la pandemia

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El hombre es un animal de necesidades, unas más apremiantes que otras. Dicen que quien deja de tomar agua de tres a cinco días se muere y quien deja de dormir por más de tres días se enloquece.

Sin embargo, hay una escasez que quienes pueden suplirla, tres veces al día, la olvidan: el hambre.

La falta de alimento no es una cosa menor. Puede ser desesperante, desalentadora y pese a que puede matar, se demora mucho en hacerlo.

Antes de la pandemia, Colombia era considerada uno de los países donde la subalimentación era la ley. De 2015 a 2017, según cifras de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) había 3,2 millones de personas subalimentadas, es decir, incapaces de consumir alimentos suficientes para satisfacer sus necesidades de energía alimentaria. La mayoría de ellas vive en los cinturones de pobreza de las capitales de departamento o en la ruralidad. Ahora, con una pandemia que frenó en seco la economía, esas cifras se convirtieron en hambre.

El sur de Bogotá ahora es un largo tapete de casas pintadas con múltiples colores y trapos rojos colgados en las ventanas. Localidades como Usme, Ciudad Bolívar, Fontibón, Bosa, Kennedy, están llenas de trapos rojos en sus ventanas, pidiendo auxilio, solicitando comida.

EL NUEVO SIGLO evidenció la situación de los habitantes de Arabia, un barrio en las cumbres de la ciudad cuyos habitantes hoy siguen solicitando al Distrito que envíe las ayudas que les permitan subsistir. En el barrio siguen haciendo, día a día, una olla comunitaria donde todos comen una vez al día. “Lo que preparamos aquí es la única comida del día. En el barrio viven ancianos, niños, personas en situación de discapacidad, madres gestantes y hasta el momento, no han habido ayudas”, dijo en su momento a este Diario María Antonia Quezada habitante de ese barrio.

El peso del hambre en la economía está siendo contemplado por los políticos. El expresidente y senador Álvaro Uribe aseguró que “esto tiene una gran trascendencia democrática. Sí hay hambre y esto crea una ira social, ¿qué le va a pasar a nuestra democracia, a nuestra cohesión social? Si esto se atiende bien, sin hambre, se fortalecen los valores solidarios que son fundamentos de la democracia. Lo que nosotros estamos diciendo es que haya abastecimiento, que usted vaya a una tienda y la encuentre con oferta, que encuentre la estantería con alimentos y que el Gobierno le garantice dinero a los colombianos para poder satisfacer estas necesidades”.

El Congresista agregó que “yo creo que es fundamental que la crisis se viva sin hambre, porque eso equivale a que sea una crisis sin rabia y esto equivale, al fortalecimiento de la solidaridad. Un país que se llene de rabia no recupera la economía”.

De hecho, el director del Programa Mundial de Alimentación (PMA), David Beasley, le advirtió hace poco al Consejo de Seguridad que el impacto económico de la pandemia puede llevar a una “catástrofe humanitaria”, duplicando el número de personas que padecen hambre en el mundo a unos 265 millones este año, “estamos al borde de una pandemia de hambre”.

Alimentación

Ahora bien, hay organizaciones que hacen lo posible por prevenir que el hambre abrume a la población. El Banco de Alimentos de Bogotá, dirigido por el sacerdote Daniel Saldarriaga, asegura que en medio de esta pandemia la capacidad de la entidad se ha duplicado beneficiando a 1.199 organizaciones en todo el país, además de atender a 747.390 personas con cerca de 4.316.800 kilos de alimentos entregados.

“Agradecemos a organizaciones como el Ejército y otras entidades por la ayuda que nos han brindado, durante estos días de la pandemia el Banco de Alimentos se ha multiplicado en la capacidad que tenía habíamos llegado el año pasado a 292.000 personas y hoy son más de 566.000 las socorridas, habíamos movido cerca de 3.000 toneladas ahora vamos por más de 6.000. La solidaridad del pueblo colombiano nos hace cada vez más capaces”, dijo el Director de la entidad.

Saldarriaga agregó que “hay dos cosas que hemos encontrado: una es que los más pobres están aguardando a ver quién les ayuda, pero muchos que no habían vivido la experiencia de ser tan pobres, que habían tenido lo necesario, están viendo que por trabajar en la informalidad se quedaron sin recursos para sobrevivir”.

La Alcaldía de Bogotá también ha hecho un esfuerzo para ayudar. Según cifras oficiales, hasta el momento son 275.360 hogares beneficiarios con transferencias solidarias del Distrito y167.163 con trasferencias del Gobierno. Así mismo, indica que hasta el momento se han entregado 2.836.074 mercados y bonos en toda la Capital.

Todos los días, los hombres tienen hambre y pasa tres veces al día desde que despunta el sol hasta que cae la noche. Antes de la pandemia, la situación ya era preocupante, se hablaba de 265 millones de almas clamando por alimento, hoy pueden ser muchos más. Esa necesidad que para muchos se ha convertido en fantasma no ha quedado atrás, ahora gruñe con más fuerza; por eso, a esta hora en algún lugar de Usme o de Ciudad Bolívar alguien está haciendo un retén ilegal para exigir lo que para muchos es básico y está al alcance de la mano: un plato de comida.

(Nuevo Siglo)

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