Bebés adictos, la grave secuela de las madres consumidoras

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Hospital General de Medellín realiza estudios importantes sobre el síndrome de abstinencia neonatal.

Dolor, irritabilidad, ansiedad, temblores, convulsiones. Estos y otros síntomas hacen de la abstinencia a las drogas una etapa tan dura que no todos logran superarla y recaen en volver a consumir.

Y si esta situación es difícil en jóvenes y adultos ¿se imagina cómo sería en un bebé? Aunque parezca poco probable, este padecimiento existe y es conocido como síndrome de abstinencia neonatal.

En Medellín, el Hospital General y la Universidad CES llevaron a cabo un estudio, publicado en el 2017, en el que se evidenció esta problemática. Marie Claire Berrouet, toxicóloga clínica del Hospital General de Medellín (HGM) y epidemióloga de la Universidad CES, contó que para el estudio hablaron con 234 madres.

“De esas, el 34 por ciento reconoció que consumió alguna sustancia sicoactiva durante su embarazo. Algunas, sin saber que lo estaban, por lo general sucede en los primeros tres meses de gestación”.

El riesgo, explicó la experta, es que en ese tiempo ya pasó todo el desarrollo neurológico del feto. Posterior a este estudio, Berrouet comenzó con otro, próximo a ser publicado, en el que se tomó a algunas mamás que reconocieron haber consumido para hacerles seguimiento, así como a los bebés que tenían signos y síntomas que parecían de un síndrome de abstinencia neonatal.

 “Nos dimos cuenta de que de casi 160 madres a las que se les hizo seguimiento, un 40 por ciento de los bebés de estas habían desarrollado signos y síntomas subjetivos de abstinencia neonatal”, expresó la doctora.

Este procedimiento se hace a través de una escala denominada Finnegan, que, con puntuaciones, denominan la situación clínica del neonato, según la severidad. Los números más altos corresponden a los síndromes más graves.

Irritabilidad, taquicardia, succión ávida, tembladera, cambio en los signos vitales, la hipertensión y convulsiones son algunos de los signos y síntomas en estos bebés.

“Como todo síndrome, este tiene un espectro de leve a grave, de allí la importancia de una detección temprana y una prevención. Si la abstinencia en los adultos es muy horrible, ahora imagínese en un bebé que no puede comunicarse sino mediante el llanto”, manifestó Berrouet.

Aunque se han presentado casos de bebés fallecidos, la doctora aclaró que no se puede atribuir a que el caso sea unicausal a las drogas, sino que estos casos se presentaron por múltiples causas, como las infecciones.

“Sin embargo, hay que resaltar que las drogas favorecen muchos riesgos, como la prematuridad. Si un chiquito que debería nacer a las 40 semanas lo hace en la semana 28, por ejemplo, nace con muchos más riesgos pulmonares y tendrá muchos más retos para soportar en el organismo”, explicó la doctora.

El tratamiento, en una gran cantidad de casos, es no farmacológico y se hace durante el tiempo que se presenten los síntomas, lo cual puede ser variable, aunque en promedio es entre una y dos semanas. Hacerles masajes o simplemente mantenerlos en un ambiente alejado del ruido son algunos de los mecanismos utilizados para consolar al bebé.

Sin embargo, hay casos en los que sí es necesario hacerlo, pero solo con supervisión médica y con un equipo capacitado.

Aclaró la toxicóloga que en estos casos las madres creen, falsamente, que en el hospital les quitan a los niños.

“En el Hospital General, con un equipo de trabajo social, lo que se hace es garantizar que el entorno de ese niño sea seguro, por lo que también se averigua si en el grupo familiar hay consumidores”, explicó Berrouet.

Sobre la efectividad de este tratamiento en los neonatos adictos, la experta fue enfática en decir que: “Si me preguntan que si los bebés pasan el síndrome de abstinencia, la respuesta es contundente: sí. Pero de ahí viene una segunda pregunta ¿hay riesgos a largo plazo? Y esa es la que falta por responder y por el momento hay muchas teorías, pero ningún estudio que le haya hecho seguimiento a algunos de estos casos para responder este interrogante”, aseguró.

Lo ideal, para ella, es que se pueda hacer un seguimiento a estos casos durante por los menos 10 años.

Esta, es solo una de las tantas áreas que falta por explorar en este campo. También hace falta un estudio de costos para saber cuánto vale atender este problema, que tiene un doble riesgo: el consumo de drogas es mayor, mientras que la edad de consumo es cada vez menor.

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