‘Año Viejo’, tradición que se niega a desaparecer

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Cada año es una lucha más para mantener viva esta costumbre decembrina que viene desde nuestros abuelos, de generación en generación.

Especial/24-7Semanario

Sin dudas, y pese a la pandemia del Covid-19, una de las tradiciones que se niega a desparecer entre las familias opitas es la quema del tradicional ‘Año Viejo’. Cada año y pese a las restricciones que habrá para despedir el 2020 algunos muñecos de trapo serán incinerados, sin pólvora y el más quemado tendrá que ser el de la figura del coronavirus que afectó a la comunidad global.

Cada año es una lucha más para mantener viva la tradición que viene desde nuestros abuelos, de generación en generación.

No había que mirar el reloj, cuando comenzaban las explosiones en la calle, las familias se fundían en abrazos y gritaban sin parar que había llegado el Año Nuevo. Eran las 12 de la noche del 31 de diciembre… y entre el fuego, la pólvora y el humo desaparecía en la calle el ‘Año Viejo’, un muñeco vestido de sombrero, de cuerpo deforme, con tabaco en la mano y listo para llevarse las tristezas y amarguras de la hoja del calendario que pasaba. Figura que este fin de año tiene una dura lucha, prevalecer y sobrevivir ante la pandemia del coronavirus.

La finalidad de esta tradición arraigada entre los huilenses y en general de todos los colombianos es la quema de un muñeco elaborado de trapo, papel periódico, madera o aserrín, que representa el año que se va cuando las doce campanadas anuncien que inicia el nuevo año.

La finalidad de esta tradición arraigada entre los huilenses y en general de todos los colombianos es la quema de un muñeco elaborado de trapo, papel periódico, madera o aserrín.

En diferentes ciudades como el caso de Neiva y especialmente en las del Eje Cafetero el ‘Año Viejo’ es elaborado como una tradición de familia, que se fabrica con sus propios recursos.

La mayoría de personas que confeccionan estos muñecos se inspiran en personalidades públicas del ámbito político o artístico, que se llevará las cosas malas del año que termina, para iniciar limpios el próximo año. Y este año tendrá al muñeco del Covid-19 como el más incinerado por los malos recuerdos que deja la pandemia de este virus que le cambio la vida a los huilenses y al mundo en general.

Pero el tiempo no se detiene y ya estamos viendo qué hacemos para mañana 31, pues ya queremos que termine este año horrible, en que pocos deseos y vaticinios se cumplieron. Lo de darle la vuelta alrededor de la manzana, maleta en mano, no se le cumplió sino al ex técnico de la Selección Carlos Queiroz, que sin dudas será uno de los muñecos más quemados este fin de año.

En Neiva, la tendencia aunque menos que otros años sigue y se observan algunos monigotes como también se les llama y el más pedido según sus fabricantes es el del Covid-19, sin embargo continúan siendo personajes tradicionales como los políticos según los elaboradores también muy buscados, Duque, Uribe, Petro, Queiroz, Maduro, Trump, este año, son algunos de los más apetecidos para llegar a la hoguera.

En diferentes ciudades como el caso de Neiva y especialmente en las del Eje Cafetero el ‘Año Viejo’ es elaborado como una tradición de familia.

Tradición familiar

En la capital del Huila,  la elaboración de muñecos que representan el año viejo es una tradición que se resiste al olvido, ejemplo claro es el de José Pastrana, quien lleva más de 25 años con la tradición de hacer ‘Años Viejos’ para su cuadra y comercializar.

Para quienes conservan la tradición y encuentran en el objeto una excusa para alegrar la celebración y estar en familia, existe el peligro que la herencia trasmitida de los abuelos se pierda.

El señor Pastrana asegura que aunque a pesar de lo emotivo que resulta el trabajo, para muchos es un arte que permanece en su familia, y que más que generar una ganancia económica esto se convierte en una diversión y tradición que motiva el año nuevo.

Un muñeco requiere aproximadamente un par de días para su confección, además de la creatividad y paciencia necesaria. “Los ‘Años Viejos’ algunos cuestan entre 40.000 y 80.000 pesos, es lo que la gente paga por ellos, al igual que las cabezas que tienen un costo de 20.000 pesos”, debido a que todo está más barato por la pandemia del Covid y el negocio está muy afectado, sobre todo este fin de año, pues la autoridades están muy atentas a las conglomeraciones de personas. “Este es un año para pasarlo en familia y quemar el muñeco con mucho cuidado”, puntualizó José Pastrana.

Muchos huilenses para esta fecha elaboran un muñeco, la excusa perfecta para estar en familia.  La quema del muñeco se convierte en un rito que deja en el olvido lo malo que trajo el año que termina. “En el muñeco podemos por tradición desechar lo malo que tuvimos en el 2020; sin embargo, es una tradición que se va perdiendo y ahora no es muy frecuente ver los ‘Años Viejos’ en estas fiestas”, señaló María Pérez, otra mujer que se dedica a la elaboración de monigotes.

Pandemia, redujo compradores

Los andenes de algunas calles que en años anteriores por estos días se veían coloridas con estos pintorescos muñecos, hoy están solas. Aunque se ve uno que otro,  se convierten cada diciembre en pasarelas en las que nuestros artesanos y familias que viven del rebusque exhiben los tradicionales años viejos. Los hay de todas las formas, tamaños, gustos y colores.

Los pocos vendedores de estos tradicionales muñecos indican que en las vísperas del año nuevo su jornada laboral inicia a las 8:00 de la mañana y termina pasadas las 6:00 de la tarde. Aseguran que lo poco que gana lo invierte en los gastos diarios del hogar. Pero este año la cosa pinta mal por las restricciones y la falta de dinero de la gente.,

“Teniendo en cuenta las experiencias de los años anteriores, mañana será el día más ajetreado para las familias que de manera informal nos dedicamos a la venta de los muñecos y caretas, de las cuales tenemos para todos los gustos”, expresó Pedro García otro vendedor de monigotes.

Recordó que cada muñeco que se quema a medianoche del 31 de diciembre para despedir el año se elabora y adapta a las diferentes escenas del mundo actual.

Reducen la contaminación

Algunos monigotes varían de tamaño y cuentan con finos acabados. Es por ello que también le apuestan a la elaboración de muñecos en miniatura. “Lo cierto es que grandes o pequeños se pueden quemar sin aumentar los índices de contaminación y con los mejores deseos para el próximo año”, señaló.

Dijo Pedro García que el año viejo ha ido evolucionando con el paso del tiempo. Recordó que hasta hace unos años los muñecos eran elaborados con ropa vieja y aserrín a los que se les adaptaba la careta elaborada con papel, engrudo y pintura.

“Ahora los muñecos se consumen en cuestión de minutos, reducen los niveles de contaminación atmosférica y se constituyen en piezas de arte para las que se utiliza papel maché y pintura, entre otros elementos”, argumentó.

Añadió también que las familias que se dedican a este negocio trabajan todo el año para diseñar modelos cada vez más llamativos y originales. Indicó que la elaboración de los años viejos no solo es un negocio sino también un motivo de unión de las familias o amigos.

Destaca que la producción de cada careta o figura es un ritual debido a que hacen un alto a sus labores cotidianas para reunirse y dar forma al muñeco. “Una vez están listos se guardan en la casa y se alistan para exhibirlos”, puntualizó García.

¿Qué es un Año Viejo?

Año Viejo, es un monigote que representa básicamente el año que termina, elaborado con ropa vieja, cartón o papel, relleno de viruta, paja o aserrín y con frecuencia con artefactos pirotécnicos, para ser quemado a la medianoche del 31 de diciembre, víspera del año nuevo. Esta práctica se realiza principalmente en Colombia ​ y Ecuador.​

El ritual se debe distinguir de la Fiesta del Judas que a pesar de tener características similares tiene distintas connotaciónes y se celebra en algunas regiones de España y de América Latina, al inicio de la semana de pascua o en el domingo de resurrección.

Igualmente el año viejo se debe distinguir de las efigies que se incineran en protestas políticas, aunque también suelen representar personajes concretos o símbolos de organizaciones y países objetos del rechazo, porque se realizan en cualquier época del año y sin los elementos rituales del 31 de diciembre.

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